Y pensar que hace sólo 3 semanas tomé esta foto. Todavía se sentía el calorcito del sol, cuando un espectacular atardecer, de esos que sólo se ven al final del verano (aunque ya estamos en otoño), apareció en el cielo de Lima, éste se tiñó de matices dorados y naranjas, un fuego gigantesco ardío y el ocaso dió paso a la noche.
Hoy amanecíó con neblina, aunque eso ya viene pasando hace varios días, siempre se asomaba el astro rey, por lo menos al medio día. Hoy nunca apareció. Estamos a puertas del invierno y como siempre Lima lo recibe con su neblina gris y húmeda. Triste yo. No me gusta el invierno.
En estos momentos quisiera ser un oso para meterme en mi madriguera, invernar por varios meses y despertarme con la llegada de la primavera, pero no se puede, simplemente tengo que sacar mis chompitas, mis guantes, mi pijama de polar y apertrecharme para pasar el invierno. Ni modo.
A esperar la primavera para ver el sol o buscarlo por las serrranías, Cajamarca o Chosica, igual, sol es sol.
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